Fabricación de tejidos y calzado

A mediados del siglo XIX se inició la recuperación económica de la isla, gracias a una incipiente industrialización.

En 1856 se fundó la Industrial Mahonesa (Cala Figuera, Maó), dedicada a la fabricación de tejidos y, al igual que la industria del calzado, especializada en la exportación a las Antillas. Paralelamente se emprendió la fabricación de monederos de plata, actividad que adquirirá gran importancia, como demuestra la existencia de doce talleres a principios del siglo XX.

La construcción de La Mola

En 1854 comenzaron las obras de la fortaleza de Isabel II o de la Mola a la entrada del puerto de Mahón. Muchos menorquines encontraron ocupación en la construcción de este fuerte. La propia reina Isabel II visitó la plaza en 1860. La Mola, que constituye un notable ejemplo de ingeniería militar, se utilizó como penitenciaría desde principios del siglo pasado hasta que fue suprimida en 1968.

A partir de 1892 se instalan las primeras fábricas de electricidad y de gas en Menorca, con centrales en cada población, que permitirán sustituir el alumbrado de petróleo y la aplicación de motores eléctricos a la industria. En el año 1956 las empresas de electricidad de la isla se integran a GESA.

La red de carreteras se transforma entre 1860 y 1900 con la construcción de las carreteras Maó-Ciutadella, Maço-Sant Lluís, Fornells-Es Mercadal-Es Migjorn Gran y Es Migjorn Gran-Ferreries. Poco después llegaran los primeros automóviles (1902), que compartirán los caminos con los carros hasta mediados del siglo XX.

Finalmente, la pérdida de las colonias en 1898 supuso un duro golpe para la industria textil y del calzado, y la crisis de 1911 provocó una etapa de recesión económica, que favoreció la emigración como único medio de subsistencia. Esta situación se prolongó hasta la Primera Guerra Mundial, durante la cual se activó la producción de calzado.