El puerto de Maó, la joya de la capital

Maó, el Port Mahón de los ingleses, actual capital de la isla, no es una ciudad monumental. Su encanto no procede de grandes edificios o barrios señoriales, sino del carácter mismo de la ciudad. De su armonía y, sobre todo, de un puerto que constituye su autentica joya.

Alegre, por la personalidad tradicional de sus habitantes. Aquí no solo se produjo la mayor incidencia de la dominación británica, sino que convivieron gentes de muchas nacionalidades y condiciones, unidas por el intenso tráfico marítimo del puerto. De toda esta mezcla, alentada por un espíritu mercantil y marinero, surgió una sociedad abierta.

Carrer de ses Moreres, Carrer de Hannover y Carrer Nou

A la hora de desplazarse por la capital menorquina, hay que diferenciar claramente el núcleo urbano del puerto. El paseo por la ciudad permite visitar las calles de más vida, los edificios del Ayuntamiento y la iglesia de Santa María, asomarse a los miradores del puerto y cruzar por algunas de las mansiones señoriales mahonesas. Todo ello sin olvidar alguna visita obligada, como puede ser una buena pastelería, heladería y la biblioteca del Ateneo.

S’Esplanada es la antigua explanada del acuartelamiento militar que todavía permanece en la cabecera de la plaza. En ella se dan cita los grupos de estudiantes, las parejas y los paseantes de media tarde, además de un mercadillo que se congrega en la plaza 3 veces por semana.

De S’Esplanada parte una de las principales calles comerciales: El Carrer de ses Moreres. Pueden encontrarse las tiendas de calzado o piel, uno de los atractivos comerciales de Menorca. El paseante se fijará en las losas, antiguas y dispares, que componen la acera y que le llevaran hacia la calle Hannover y, a continuación, al Carrer Nou. En estas calles, el visitante gozará de perfumerías, tiendas de ropa y complementos, joyerías, floristerías, centros de estética, terrazas al aire libre,…

El modelo de casa señorial mahonesa no llega a los extremos de suntuosidad de los palacios ciudadelanos, aunque sigue los mismos patrones. Fachadas de influencia italiana, pero nunca excesivamente cargadas. El elemento más monumental son los salones y las grandes escaleras de honor. Buenos ejemplos son la casa rectoral de Santa María, la casa Febrer Cheli, Can Pons i Soler, casa Albertí y Casa Olivar; ubicadas todas en la calle de Isabel II.

Para los amantes del pescado y de los productos típicos, resultará esencial visitar la pescadería en la que los visitantes podrán apreciar la esencia del pescado menorquín, así como el Claustre del Carme. El claustro es una autentica maravilla, conforma el actual conservatorio, dispone de una biblioteca, patio interior en el que se llevan a cabo espectáculos y conciertos para todas las edades, y es sede de un popular y tradicional mercado. Una pequeña calle lleva a la Plaza Miranda, donde además de encontrarse la comisaria de policía, se pueden apreciar unas magnificas vistas del puerto desde su amplio y tranquilo mirador.

El puerto de Maó contiene muchos lugares de interés. Además de la gran variedad de restaurantes y terrazas al aire libre, cuenta con muchas tiendas de ropa y complementos, un Casino, tiendas deportivas y centros especializados en reparación de embarcaciones, etc.

Resultan excursiones muy recomendables la de la isla de Lazareto (a la que se accede vía marítima saliendo de Cales Fonts) y la de La Mola. La fortaleza de la Mola se ha convertido en una valiosa pieza del patrimonio histórico que sobrevive al paso del tiempo. A la entrada de la misma, el visitante puede optar por realizar la excursión en solitario, o bien, guiada. Visitar esta fortaleza es un modo perfecto para entender todo el contexto histórico que tanto caracteriza a la isla. Además, al final de la misma, se encuentra un bar-terraza en la que los excursionistas pueden hacer una parada y disfrutar del bello y fresco ambiente.

En relación a las playas ubicadas en los alrededores de Mahón, de especial interés son la playa de Es Grau junto a su albufera natural y Cala Mesquida.

Situada a unos tres kilómetros al norte de Mahón, Cala Mesquida es un atractivo arenal muy frecuentado por los mahoneses, dada su proximidad a la ciudad. Tiene unos 300m de longitud y unos 75 de anchura media. Junto a ella se eleva una torre defensiva británica de finales del siglo XVIII. Entre sus servicios se incluyen hamacas, sombrillas y velomares de alquiler. A unos 200 metros de Sa Mesquida, encontraréis una cala de pizarra bastante menos concurrida. Su nombre: Sa Raconada.

Por otro lado, el pequeño puerto pescador de Es Grau se encuentra protegido al final de una ensenada, con una amplia playa de arena y la Illa d’en Colom enfrente. A pesar de ser un centro de veraneo, todavía tiene una población eminentemente menorquina, y muchos domingueros. Algunos de sus bares de pescadores sobre el puerto son muy agradables durante las noches de verano.

La playa es perfecta para niños, puesto que sus aguas no son precisamente muy profundas. Se alquilan velomares y kayaks. La gente es muy abierta y simpática.

La albufera de Es Grau cuenta con una superficie natural de 1.887,7 hectáreas, de las cuales la superficie de aguas libres ocupa unas 67. La albufera tiene una forma estrecha y alargada, rodeada de colinas y comunicada con el mar a través de un pequeño canal llamado Sa Gola. Asentada sobre pizarras y areniscas del periodo carbonífero, tiene importancia sobre todo por su avifauna, ya que constituye una estación de acogida para las aves migratorias.

Otros indispensables son visitar el Faro de Favàritx y el poblado talayótico de Trepucó.